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Historia

Desde la década de 1540, en que Diego de Urbina organizaba el primer  asentamiento en el cerrito verde (que después se llamó Santa Ana) de la hermosa ciudad que se desarrolló a la diestra del Guayas, en el antiguo territorio Huancavilca, creció con una arquitectura maderera, fruto de las diestras manos de los carpinteros de la ribera, que utilizando maderas preciosas e incorruptibles, le dieron con sus balcones y portales una característica única en América.

Su ubicación, entre el cerro Santa Ana y el cerro del Carmen, ofrecía una maravillosa perspectiva hacia el rio, en donde navíos de altas velas  vigorizaban su actividad portuaria, que desde muy temprano se convirtió en un motor de la economía regional, tanto en la época colonial como en la republicana.

Su situación de puerto abrigado, en uno de los estuarios más apacibles en la costa occidental del Pacífico Sur, constituyó una condición ideal que la convirtió en el Mayor Astillero de mar del Sur que tuvo España.

Guayaquil fue la cuna de la libertad, que se cristalizó en la Aurora Gloriosa del 9 de octubre de 1820, cuando por primera vez, en lo que ahora es el Ecuador, hubo una Declaración explícita y formal de Independencia. De Guayaquil, salieron los ejércitos que libertaron Quito, el 24 de mayo de 1822, y de esta misma ciudad salió un numeroso contingente que selló la libertad de la América del Sur, en las batallas de Junín y Ayacucho.

Su situación geográfica tuvo una importancia geopolítica trascendental motivó, que fuera escenario de la única entrevista que tuvieron los libertadores Simón Bolívar y José de San Martín,  el 26 de julio de 1822.

Ya en la época republicana, la dinámica de su puerto fluvial, conectó a  la región y al país con el comercio mundial, abriendo miles de oportunidades laborales y de progreso para todos los ecuatorianos. Por su puerto salía la pepa de oro (cacao) y el banano hacia los puertos de Europa y Norteamérica, y llegaban los últimos avances tecnológicos que modernizaron la vida del país.

Hacia 1960, Guayaquil se transformo de puerto fluvial en puerto marítimo, impulsando el desarrollo económico, social y cultural de la ciudad, y el país, que motivaron el interés de grandes empresas navieras que dinamizan su rico comercio. Su gran mercado de oportunidades diversas, y la belleza de su paisaje urbano enmarcado por el rio con su fresca brisa, fueron el marco ideal para las manifestaciones de arte, cultura y una variada gastronomía, que la caracterizan como un destino turístico de creciente importancia.

Esta ciudad del rio grande y del estero, “donde el sol es un sol domiciliado, que amanece riendo en el primero y se duerme jugando en el Salado” como cantara el poeta Pablo Hanibal Vela,  abre sus brazos a propios y extraños, para compartir el esfuerzo de construir una sociedad de paz y un mundo mejor.