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Ruta de la Fe

Guayaquil es una ciudad de alta espiritualidad que se ha expresado a través de su cultura, religiosidad, arte y tradiciones. Desde su fundación y asentamiento al pie del Cerrito Verde, en la década de 1540, fueron varias las Órdenes Religiosas que erigieron templos y capillas. El mismo nombre de Santiago de Guayaquil corresponde a la tradición española de mantener viva la memoria de Santiago el Mayor, uno de los Apóstoles del Cristo. Una cadena de ciudades en América lleva antes de su nombre, el denominativo de Santiago.


La presencia de varias Órdenes Religiosas hizo que en la Ciudad Vieja se concentraran varias edificaciones pertenecientes a cada una de ellas. “En la cumbre del Cerro está la Iglesia Mayor y al otro lado están los astilleros”, relata Dionisio de Alsedo (sic) y Herrera en sus memorias, lo que deviene en la actividad marinera y de rico comercio, así como en la rica espiritualidad expresada en diversas denominaciones religiosas.
Sus antiguas iglesias de madera, decoradas bellamente con frescos de pintura, desaparecieron durante los veinte incendios generales que tuvo la ciudad. Las procesiones y las fiestas religiosas fueron una forma tradicional de sacralizar el tiempo, siendo las más importantes, aquellas que se vinculaban a la Navidad  y las de Semana Santa.


Las construcciones de los templos fueron el producto de la contribución generosa de los guayaquileños, que comprendieron que la vida misma individual y colectiva debía ser como un templo en el que se desarrolla el hermoso misterio de una existencia consciente. Por ello, la arquitectura de sus templos edificados desde la época republicana, van recogiendo una tradición arquitectónica rica en símbolos.
La ubicación de las iglesias y templos en sus diversas denominaciones van conformando una ruta de la fe, es decir, de la confianza en un camino espiritual que ilumina la vida de los pueblos.